PERSONAJES ILUSTRES DE LA VILLA DE ABADES.

ENCARNACIÓN ARAGONESES

  


    ¿Quién era Encarnación Aragoneses?.

ELENA FORTÚN EN EL RECUERDO

La creadora de Celia, el famoso personaje infantil que cautivó a los niños españoles durante las décadas de 1930 y 1940 descendía de la localidad, pues su padre y sus abuelos habían nacido en Abades.


Elena Fortún, seudónimo de Encarnación Aragoneses, debe al pueblo su apellido paterno, muy común en este pueblo cercano a Segovia. Su progenitor, Leocadio Aragoneses, nació en Abades en 1852, pero pronto emigró a Madrid, donde encontró trabajo como alabardero del rey. Así lo narra la profesora Marisol Dorao en su biografía ‘Los mil sueños de Elena Fortún’, publicada después de una larga investigación que obligó a la autora a visitar los numerosos lugares donde vivió Elena Fortún, que tuvo que exiliarse junto a su marido, un militar republicano llamado Eusebio de Gorbea, al finalizar la Guerra Civil española (1936-1939).


Aunque la creadora de Celia nació en Madrid en 1886, nunca perdió contacto con el pueblo que vio nacer a su padre. De hecho, los primeros veranos de su vida los pasó en Abades, en casa de su abuelo Isidro, fallecido en 1892 y enterrado en el cementerio local. Elena Fortún narró el entierro de su abuelo de forma dramática, según puede leerse en el libro de Marisol Dorao.

 

Tragedia personal y éxito profesional

El texto de Marisol Dorao da cuenta del éxito literario que Encarnación Aragoneses vivió bajo el mito de Elena Fortún, pero al mismo tiempo del destino trágico de una vida marcada por la desgracia. Encarna/Elena tuvo que sobreponerse en 1920 a la muerte del pequeño de sus dos hijos, Bolín, y a la de su marido Eusebio, que se suicidó en Buenos Aires en 1948 cuando el exilio del matrimonio tocaba a su fin. De naturaleza delicada, la escritora entró después en un bache de salud que la llevó a la muerte, ocurrida en Madrid en 1952.


Elena Fortún comenzó a publicar sus cuentos de Celia en 1928 en ‘Blanco y negro’, el suplemento dominical de ABC, en la sección ‘Gente menuda’. Pronto las historias de la niña madrileña que cuestionaba el mundo de los adultos cuajaron entre los lectores infantiles, de tal manera que la editorial Aguilar se interesó por la obra. Así fueron viendo la luz títulos tan conocidos como ‘Celia lo que dice’, ‘Celia en el colegio’, ‘Celia y sus amigos’, ‘Celia novelista’ o ‘Celia madrecita’. También creó Elena Fortún otros personajes muy populares, como Cuchifritín el hermano de Celia, Matonkikí, Mila, etcétera.

Articulista


La autora firmó asimismo brillantes artículos sobre todo tipo de asuntos en varias revistas, sobre todo durante la guerra civil, en un Madrid sitiado por las tropas de Franco y donde no se podía permanecer impasible. Aunque nunca se comprometió en partido u organización política alguna, Encarna Aragoneses siempre fue partidaria de la causa republicana, entre otras cosas, según Dorao, porque pensaba que la II República estaba llamada a acabar con el analfabetismo en España y con la situación de desigualdad que vivía la mujer. Feminista irredenta, fue una adelantada a su tiempo.
En 1936, las tropas nacionalistas se levantan contra el Gobierno republicano legítimamente constituido y comienza la guerra civil. España se divide en dos bandos irreconciliables y las penurias que el pueblo sufre son tremendas. Madrid queda acorralado y su población civil sufre diariamente las consecuencias de los bombardeos de la aviación franquista.
La contienda frustra las ilusiones y la trayectoria literaria de nuestra protagonista, que pasa la guerra en Madrid y en 1939 abandona el país camino del exilio. Durante su estancia en Argentina, Encarna no desaprovechó la ocasión de continuar su obra. En Buenos Aires escribió ‘Celia en la revolución’, texto comprometido basado en los horrores de la confrontación fraticida, que no fue publicado hasta los años ochenta, en que fue recuperado por la propia Marisol Dorao.

Su relación con Abades


Hemos dicho que los veranos de su infancia Encarna Aragoneses los pasó en Abades, en casa de su abuelo Isidro Aragoneses. Pero la escritora siempre llevó a Abades en su corazón. Ya casada, visitó la villa en numerosas ocasiones, según testimonios de los vecinos de más edad y familiares que aún recuerdan sus visitas. Jovita Moreno, ya fallecida, me aseguró en una ocasión que Eusebio de Gorbea, escritor y actor de teatro además de militar, trabajó durante una de sus estancias en el pueblo en su obra dramática ‘Los que no perdonan’, premiada con el premio Fastenrath en 1929. ‘Los que no perdonan’ fue representada en varias ocasiones en la misma localidad. La Losa y Ortigosa del Monte fueron otros de los destinos preferidos de la pareja, pues allí pasaron temporadas estivales antes de la guerra y cosecharon amistades que perdurarían toda la vida, según se relata en ‘Los mil sueños de Elena Fortún’, un libro que recomiendo leer si se quiere tener una visión completa de la escritora.

 

Valeriana


Una de las personas de Abades que más quiso Elena Fortún fue Valeriana García, ama de llaves de su abuelo Isidro. Tanto fue así, que la escritora llevó a Valeriana a la literatura en su novela ‘Celia madrecita’, de 1939. Valeriana es uno de los personajes centrales del libro, pues era la criada del abuelo de Celia, que vivía en Segovia. El personaje de ficción posee el mismo hablar que tuvo el auténtico, muy propio de Abades, por otra parte. La mujer decía cosas como: «¡Asús, qué hija!».


Valeriana García recibió durante años las visitas de la escritora, a quien recibía en su casa de la calleja de la Cárcel. La mujer falleció en 1934. Fruto de estas visitas, fue el cariño que Elena Fortún sintió por los nietos de Valeriana, especialmente por Elgibia, una mujer que aún vive en el pueblo y a quien regaló una medalla de oro y un misal de Primera Comunión. Pero el mejor regalo que Elgibia pudo recibir fue aparecer citada en uno de las obras de la escritora. En ‘Celia en el colegio’, Elguibia es una amiga de Celia.


Encarna Aragoneses mantuvo una buena relación con su prima segunda Andrea Moreno Aragoneses, nacida en Abades pero residente en Madrid, que era hija de Margarita Aragoneses, prima carnal de Leocadio, el padre de Encarna.


Andrea Moreno, mujer de gran temperamento, fue la promotora del monumento que hoy recuerda a Elena Fortún en el parque del Oeste de Madrid, y que fue inaugurado en junio de 1957.
También un colegio público de Segovia, ubicado en el barrio de Nueva Segovia, lleva el nombre de Elena Fortún, así como una plaza céntrica en Abades.


Más información sobre la autora de ‘Celia’ en www.elenafortun.com En este sitio web pueden leerse fragmentos del libro ‘Los mil sueños de Elena Fortún’, de Marisol Dorao, aunque no de manera completa. El libro está publicado en Alboroque Ediciones.


CARLOS ÁLVARO


 

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